VIRTUATECA

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VIRTUATECA 1024 576 Lavinia Hirsu

Por Elvia Murgueytio, Red Metropolitana de Bibliotecas Quito, Ecuador

He creído en frases como “después de la tormenta siempre llega la calma”, o tal vez algo más célebre como “nada es casualidad, todo siempre es producto de una causalidad”. Desde mi experiencia personal lo dicho se apega a todo lo vivido como consecuencia de una pandemia mundial. Titulares de prensa comenzaron a visibilizar la presencia de un nuevo virus mortal, que definitivamente cambiaría la vida de todos los habitantes del planeta.

La cotidianidad de todos se trastocó, nos vimos obligados a cambiar nuestros espacios presenciales por nuevos y desconocidos entornos virtuales. Los retos fueron grandes; en un inicio todo era incierto, pero la latente esperanza de que todo necesitaba volver a su “normalidad” abrió la ilusión de nuevas alternativas, que pronto se convirtieron en una luz.

En mi caso particular, como bibliotecaria de la Red Metropolitana de Bibliotecas, encontré la manera de llegar al público de una manera muy creativa y dinámica. De un momento a otro las barreras y obstáculos que nos traía la pandemia se transformaron en grandes oportunidades, pues desde la virtualidad comenzamos a llevar los libros a los hogares de cientos de familias.

En un primer momento iniciamos con una romántica propuesta de “Lecturas por teléfono”, con usuarios solicitando una lectura programada. Fue mágico crear este espacio de lecturas, remontándonos dulcemente a un momento de la historia donde las cartas de amor llegaban en un sobre con una dedicatoria, en un sublime momento especial. Este fantástico viaje nos llevó a un siguiente momento, en el que las llamadas se convirtieron en reuniones de zoom, programadas a grupos de escuelas para compartir lecturas seleccionadas en tan bonito espacio virtual. Los beneficiados fueron experimentando cómo una biblioteca llegaba a ellos sin la necesidad de desplazarse grandes distancias, fue nuestra primera fortaleza.

De inmediato se creó un proyecto de fomento a la lectura virtual con un programa especial, selección minuciosa y cariñosa de libros -lo mejor de la literatura infantil-, creando cálidos y acogedores espacios virtuales de lectura; generando encuentros de diálogo, creación, diversión y sobre todo un gran interés por la lectura.

La gran acogida recibida por varias instituciones de la ciudad fue nuestra mayor fortaleza. Los espacios fueron cíclicos, el programa alcanzó a beneficiar a casi siete mil niños y jóvenes directamente. Me atrevo a compararlo con una pequeña fábrica de lectura, en donde un fantástico equipo de doce bibliotecarios empoderados de su misión lograron construir más de trescientas cincuenta conexiones mensuales, y lo más valioso, los chicos llegaron a leer un promedio de dieciocho libros en tan solo un año escolar.

Los viajes fueron incalculables con monstruos de todas clase y colores, cohetes, dragones, ríos y montañas, flores y valles, alegrías y tristezas, casas, lápices, formas, nubes y sueños. De todo tuvieron los encuentros lectores; el resultado solo se puede medir en las grandes sonrisas, y con los corazones alegres de las caritas compartidas.

Aprovechando la tecnología como mi fortaleza y la gratitud incalculable a la mujer que hizo este sueño posible, cierro este ciclo de mi vida con el aprendizaje que del fango siempre se puede construir una gran escultura, solo requiere amor, compromiso y entrega.

Mi corazón vive con claridad. La virtuateca seguirá rompiendo fronteras, distancias, olvidos, permitiendo a un mágico libro construir puentes de encuentro y pasión. El programa “Leer con migrantes en la Mitad del Mundo” abre en mi vida nuevas puertas; un libro que viaja, recoge recuerdos y los acoge con amor.