Bibliotecas y narraciones huracanadas

Bibliotecas y narraciones huracanadas

Bibliotecas y narraciones huracanadas 950 760 Lavinia Hirsu

Bibliotecas y narraciones huracanadas

Por Eliana Pasarán

El 30 de mayo de 2022, el huracán Agatha desoló Mazunte y muchos otros pueblitos de la costa y la sierra oaxaqueña de México. Lo que comenzó con un temprano ‘chipi chipi’, a las cuatro y media de la tarde era un torrencial de agua y viento que a muchos dejó calados hasta los huesos, con ríos de agua y lodo que cubrieron o se llevaron seres queridos, casas, animales, árboles y plantas, sueños y convicciones, objetos favoritos. No debemos olvidar que más de doscientas personas perdieron la vida en toda la zona y que en el momento de escribir este texto a fines de junio, muchas familias siguen en duelo, aisladas, sin hogar, sin luz y otros servicios básicos e incluso alimentos. Otros tuvimos más suerte, sufrimos pérdidas duras más no irremediables, nos mojamos menos, aquí seguimos sobreponiéndonos pasito a pasito, día con día.

La Biblio de Mazunte sobrevivió al huracán sin mayores estragos que un poco de agua y hojas por el suelo. Cuidó muy bien de guardar y proteger todas sus joyas, incluso al árbol de mango que, un poco despeinado y con algunas ramas de menos, nos sigue brindando cobijo de manera generosa. Un lujo extraordinario en tiempos poshuracanados, con miles de árboles arrasados ya sin frutos, vueltos sombras. Por ello, no bien se limpió la capa espesa de lodo que cubría la placita que da acceso a la Biblio, el 18 de junio nos reunimos como cada sábado con niñas y niños para continuar nuestra inmensa pasión por compartir historias, y ¿cuál mejor que la del huracán?

Para calentar motores disfrutamos los álbumes ¡Llueve llueve llueve! ( (por Lee Haery y Jeong Byeongkyu); Willy el tímido (por Anthony Browne); el poema Gota de lluvia, de José Emilio Pacheco y, entre tanta agua, se nos colaron Del otro lado del árbol (por Mandana Sadat) yLa raya y el punto (por Norman Juster). Luego cada uno narró su propia historia, dándonos a conocer –como en los libros– todo aquello que se mueve en las entrañas de un suceso extraordinario puede percibirse desde muchos ángulos y perspectivas: “me bajé como pude a la cocina en medio de la tormenta porque se nos fue el techo del cuarto, estaba muy preocupado por mi mamá que venía detrás de mí”, “yo vi una película con mi amiga; teníamos palomitas, libros, muñecas y no nos mojamos nadita, lo malo fue ver que ya no teníamos árboles al otro día”, “me puse a llorar cuando mi papá regresó lleno de lodo sin encontrar a mi gatito”, “me emocioné mucho con el mar, con cómo se movía todo y volaban por todas partes láminas, palmas y maderas”, “mmmm, me fue remal, pienso por qué el huracán cayó justo aquí y no en otra parte…”. Luego revivimos las caras que teníamos en ese momento a través de un teatrito llamado kamishibai, hicimos una meditación en movimiento para sacarnos el miedo, y terminamos con una galería de dibujos que recogió nuestras impresiones del antes y después de la tormenta.

IAsí compartimos, reflexionamos, leímos, jugamos, dibujamos, nos entretuvimos, conocimos muchas maneras de enfrentar una situación y nos divertimos mucho, ¡al igual que los papás! Esta es la magia que ofrecen las bibliotecas con sus historias y todo su saber. Son espacios únicos donde a través de palabras, lecturas, dibujos y otras actividades nos conocemos a nosotros mismos y a los demás, donde guardamos y compartimos nuestras memorias individuales y colectivas, donde experimentamos todo tipo de emociones a través de narraciones increíbles y nos relacionamos con los otros con amabilidad y respeto. También tienen el increíble poder de ayudarnos a reponernos en estos tiempos difíciles, brindándonos un espacio para la diversión y el entretenimiento.

Para continuar nuestro servicio a la comunidad con renovada energía, todas las tardes de julio tendremos lecturas, talleres de títeres, caminatas para aprender inglés, juegos y funciones de cine entre semana, además de continuar con nuestros programas de préstamo de libros a casa y sábados matutinos de libros y juegos. Después de todo, “las pasiones son como los vientos: son necesarios para poner en movimiento todas las cosas, aunque con frecuencia originan huracanes”, como señaló alguna vez el escritor francés Bernard le Bovier de Fontenelle.