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November 2021

Leer con migrantes en la mitad del mundo, la lectura sin fronteras

Leer con migrantes en la mitad del mundo, la lectura sin fronteras 501 709 Lavinia Hirsu

Leer con migrantes en la mitad del mundo, la lectura sin fronteras

Yo empecé a imaginar el viaje de “Leer con migrantes en la mitad del mundo” en el 2020, año en que la pandemia por coronavirus nos obligó a estar en casa y a cancelar cualquier itinerario posible de viaje. Sin embargo, en medio de ese contexto de aislamiento social y de restricciones de movilidad, fui invitada a crear y dictar talleres virtuales de lectura para niñas y niños venezolanos y ecuatorianos beneficiarios de un proyecto, entre cuyos objetivos estaba generar espacios y dinámicas de integración entre la población migrante y la población de acogida. Confieso que al principio no fue fácil imaginar cómo lograr que esos niños y niñas se integraran estando cada uno confinado en su casa, contando solamente con las imágenes y sonidos remotos que pudiesen llegarles a través de un celular o un computador. En ese momento de inicial confusión tampoco lograba concebir cómo leerles o mostrarles un libro y desarrollar actividades de mediación lectora que propiciaran diálogos, encuentros y descubrimientos en la distancia. Desprovista de las seguridades que brindan la disposición de un espacio físico lleno de libros y de materiales para el trabajo manual; de los efectos de la voz y la presencia cercana del mediador para motivar la lectura y la conversación; y de las espontáneas dinámicas de integración que se dan entre las personas cuando comparten un espacio o una experiencia; me sentí perdida.

Por fortuna los libros me dieron asilo. Los primeros en acogerme fueron los escritos de Michèle Petit, algunos de los cuales había leído tiempo atrás desde la comodidad de una observadora. No obstante, en mi nueva situación, sus reflexiones sobre “Para qué sirve leer” (2008, p.41-74); “el carácter habitable de los libros” (p.51); y las posibilidades que nos brinda la literatura para reanimar la interioridad, meternos en la piel del otro o expandir el ser mediante la celebración de lo imaginario (p.123), me dieron el primer impulso para llevar adelante esos talleres virtuales en donde puse a prueba mi propia confianza en los libros y la literatura para “acercar lo que está separado” (p.112). Siguiendo los consejos de Petit me propuse practicar el “arte de la acogida y la disponibilidad” (p.164) y convertir aquellas salas virtuales en “refugios lectores”; sólo me faltaba el cómo. Fue entonces cuando conocí el libro Para leer en contextos adversos y otros espacios emergentes(Secretaría de cultura de México, 2018), en donde no sólo encontré ideas que reforzaron mi confianza para el trabajo con migrantes y población de acogida en “espacios emergentes” -como el virtual-, sino que además descubrí que este libro ponía al alcance de mediadores, promotores y artistas la sistematización de experiencias con metodologías de “atención cultural” (p.9) implementadas tanto en escenarios de movilidad humana y de tragedias naturales o sociales, como en escenarios educativos para fortalecer las competencias de los maestros.

Entre las diversas experiencias y metodologías allí compartidas, las investigaciones y proyectos realizados por Evelyn Arizpe me revelaron las potencialidades del libro álbum para generar intercambios culturales y propiciar la creación de significados. De manera particular el proyecto “Leer con migrantes” me dio la metodología para convertir los libros y la lectura en refugios simbólicos donde las niñas y los niños se sintieran acogidos, seguros y animados a tender puentes entre ellos, mediante la lectura compartida de libros álbum y libros de literatura infantil y juvenil, acompañada de actividades de mediación lectora. Dichas actividades estuvieron iluminadas por el modelo de mediación aplicado por Arizpe, basado en la metáfora “espejos, ventanas y puertas”, elaborada por Rudine Sims Bishop (1990), quien nos muestra que como espejo, la literatura ofrece la posibilidad a los lectores de verse reflejados en los personajes; como ventana, el ver la vida de otros y conocer otras formas posibles de habitar el mundo; y como puerta, confrontar la realidad para atravesar umbrales, dar un paso hacia adelante o cerrar y dejar atrás viejos ciclos.

Las sesiones de talleres virtuales de lectura con los niñas y niñas venezolanos y ecuatorianos se prolongaron durante seis meses y tras su culminación, tuve el deseo de compartir la experiencia con otros mediadores, sobre todo, intuí la necesidad de replicar en Ecuador, de alguna manera, el programa de formación “Leer con migrantes” liderado en México por Evelyn Arizpe, pues en su historia reciente Ecuador ha registrado importantes oleadas migratorias, movimientos internos de población y según reportes de la OIM, en 2019 figuraba como “el principal receptor de refugiados de América Latina” (OIM Ecuador, 2019). La oportunidad llegó con la apertura de una convocatoria para presentar proyectos culturales o de formación, en el concurso público para la «Línea de Fomento de Cultura y Derechos Humanos 2020», del Instituto de Fomento a la Creatividad y la Innovación. Inspiradas entonces tanto en la metodología como en la filosofía del programa “Leer con migrantes”, Natali Lalangui y yo postulamos con el programa de formación “Leer con migrantes en la mitad del mundo”, el cual resultó ganador de unos fondos para su ejecución. El objetivo del proyecto fue formar a bibliotecarios, docentes, mediadores de lectura y promotores de derechos del Distrito Metropolitano de Quito y de otras provincias del país, en metodologías y herramientas para crear itinerarios interculturales de lectura con comunidades en contextos de migración o movilidad humana. El programa de formación se llevó a cabo de manera virtual y reunió a un grupo de mediadores y profesionales diverso por sus saberes, orígenes y tipo de población con la cual interactúan. Entre los 18 participantes contamos con mediadoras y mediadores de nacionalidad tanto ecuatoriana como venezolana, peruana y colombiana, residentes en distintos lugares del Ecuador. Además de ello, tuvimos a dos mediadoras de lectura de Brasil, para quienes la distancia geográfica y las diferencias lingüísticas no constituyeron ninguna barrera. Y así, desde la conformación misma del grupo de participantes, empezamos a vivir esa experiencia de “leer con migrantes”.

El programa de capacitación tuvo un enfoque práctico, pues con miras a que los mediadores generasen en sus entornos “refugios de lectura” hospitalarios, debíamos forjar un proceso vivencial que no sólo los sensibilizara ante el fenómeno de la migración, sino que además los llevara a experimentar en sus cuerpos, mentes y corazones las herramientas y metodologías compartidas. Nos propusimos entonces que el programa de formación fuera en primera instancia un refugio lector para los mediadores, donde sintieran un acompañamiento cálido mientras descubríamos los libros; un espacio de encuentro con momentos de reflexión sobre la relación que cada uno tenía con la lectura; y una oportunidad para desaprender y reelaborar conceptos tales como qué es leer, cómo leemos el mundo y cómo leer con otros o para otros. Quisimos, en suma, brindar un trayecto de formación en donde los mediadores vivenciaran la lectura y la creación de itinerarios lectores como algo “libre, poético, gratuito, y de intercambio lúdico” (Petit, en La Nación, 9 de julio de 2012), a fin de poder luego transmitir todo eso en sus refugios lectores.

Guiadas por este propósito diseñamos, dirigimos y recorrimos junto a los participantes, diez sesiones virtuales bajo la metodología del taller. Empezamos “Imaginando el viaje” acercándonos a la realidad de la migración y sus afectaciones; “Preparamos maletas” explorando las herramientas que nos brinda la mediación lectora; “Iniciamos la travesía” leyendo el mundo desde contextos de crisis y de migración y descubriendo el potencial de la literatura infantil, juvenil y del libro álbum para estos espacios. Finalmente, “Exploramos rutas” con la grata participación de Evelyn Arizpe, quien de manera generosa nos explicó el modelo de mediación lectora: espejos, ventanas, puertas; y aprendimos cómo elaborar un itinerario de lectura que propiciara encuentros entre la población de acogida y la población migrante, encuentros que aliviaran un poco la carga de los duelos que los migrantes deben elaborar. Con todo esto empezamos a “Trazar mapas” bajo la brújula de los recursos de la mediación lectora, para crear actividades que permitieran el intercambio de experiencias y emociones de manera respetuosa y sensible. Una vez establecidos los caminos, animamos a los participantes a que “Abrieran maletas” para pensar en la “Creación de refugios lectores”, para ello, les pedimos diseñar sus propios itinerarios de lectura y ponerlos a prueba con el grupo. Así, durante las sesiones prácticas del programa de formación, pudimos experimentar y retroalimentar cada uno de los itinerarios diseñados por los participantes, itinerarios que ya se están poniendo en práctica en sus ámbitos de trabajo.

Todo este viaje que Nataly y yo soñamos, se inspiró en las propias etapas del viaje de un migrante y lo ambientamos de manera gráfica mediante una apología visual entre la migración humana y la migración de las aves. Por ello, cada sesión llevó el nombre de una de esas etapas y estuvo acompañada por una de las aves migratorias que integraron la línea gráfica el proyecto. Al final de la Etapa de formación, despedimos a nuestros participantes viajeros para que “Abrieran las puertas de sus refugios lectores” equipados no sólo con un Maletín virtual del mediador (textos digitales y pizarras colaborativas en la plataforma Padlet con recursos escritos, sonoros, cartográficos y visuales), sino también con un Acervo físico de libros tanto para mediadores como para lectores, con una selección de textos en español sobre lectura, migración, libros de literatura infantil, juvenil y libros álbum.

Según los testimonios de los propios participantes, este proceso de formación fue todo un viaje en el cual llenaron sus maletas con valiosas herramientas que están ansiosos por compartir en distintos contextos, pues se prestan para ello. De manera especial, nos alegra saber que haber participado en el programa significó para una de nuestras mediadoras el poder cerrar, en sus propias palabras, “ese círculo, ese vacío de su añoranza” por su país. También, según lo expresaron, fue la oportunidad de encontrarse con diversas miradas del oficio de mediación lectora y sentir que durante el recorrido todos y todas fueron maestros compartiendo su conocimiento; de reconocer cómo para los mediadores el ejercicio de transmisión cultural mediante la lectura es transformador y se convierte en una ventana para ver el mundo con ojos renovados, en un espejo para verse reflejados en las experiencias lectoras compartidas y en una puerta para encontrarse con el otro en espacios más hospitalarios, más acogedores, más humanos.

Nos regocija saber que en distintos lugares de Ecuador los itinerarios interculturales de lectura ya se están poniendo en práctica y que incluso las compañeras de Brasil se han animado a replicar esta experiencia de formación virtual, inspiradas en las metodologías compartidas. En esta etapa del camino, cuando ya todos los refugios lectores están abiertos de par en par, soñamos con darle continuidad al proceso mediante el acompañamiento y el seguimiento a los mediadores formados; la realización de las “Jornadas de lectura Leer con migrantes en la mitad del mundo” lideradas por ellos; la creación de una biblioteca itinerante; la réplica del programa con nuevos participantes y la extensión del mismo, por medio de talleres, a docentes de todo el país. Seguiremos buscando apoyo para que estos sueños se cumplan y sigamos trazando juntos las rutas para una lectura sin fronteras.

Mildred Nájera Nájera